• Jonás

¿DE QUÉ SIRVE MEDITAR?

Un ejercicio muy simple con un enorme poder transformador y sanador.



Esta clarísimo, nuestra sociedad vive unos niveles de estrés muy altos y la desesperación nos hace buscar soluciones rápidas que nos permitan afrontar esa sensación mezcla de ansiedad, culpa, miedo, ira, frustración, exceso de responsabilidades, dolor físico y emocional, inestabilidad sentimental, familiar, financiera, profesional, etc., etc., todas ellas emociones destructivas que alteran significativamente nuestra experiencia vital.


Buscamos entonces alternativas que nos den algo de sosiego. Pócimas, alimentos, rituales, cirugías, medicamentos, oraciones y demás alternativas que a otros les han funcionado y quizá a nosotros también. Pero infortunadamente casi nunca tenemos en cuenta cambiar, evaluar nuestras vidas con la mayor objetividad posible, hacer un trabajo personal e interno, establecer qué nos hace bien, qué nos perjudica, identificar esas actitudes, palabras y acciones que nos juegan en contra, tomar decisiones partiendo del amor y no del miedo, la culpa o la ansiedad. Nos hemos alejado de eso que nos hace humanos, de la naturaleza, de la bondad, una cualidad totalmente inherente a nuestra especie.


Pero no todo son malas noticias, les cuento que descubrí el agua tibia: hay una sencilla práctica que nos ayuda muchísimo con el manejo de todo eso, un simple ejercicio que promueve en nosotros un regreso a nuestros orígenes, a conocernos y reconocernos, algo que logra hacernos recuperar el control de nuestro barco, algo que efectivamente logra cambios fisiológicos en nuestro cerebro - Rasgos Alterados, Daniel Goleman/Richard Davidson. Señoras y señores, niños y niñas, les hablo nada más y nada menos que de la meditación.


Puede que meditar no sea la panacea, pero me parece que se le acerca muchísimo. No les voy a traer información histórica, ni tampoco me voy a meter con las diferentes escuelas o formas de meditar que existen porque de todo eso pueden encontrar lo que sea en cualquier biblioteca o en internet. Lo que pretendo es darles una exposición muy personal sobre la meditación y principalmente, transmitirles las grandes bondades que ha traído a mi vida.


Para comenzar establezcamos que meditar es un estado en el que fijamos nuestra atención a una sola cosa, puede ser una imagen mental, un sonido, nuestra respiración, una actividad puntual, cualquier acontecimiento que nos enganche con el momento presente, que no deje lugar a distracciones, que nos mantenga unidos con lo que sea que hayamos elegido para practicarla. De los yoguis y monjes budistas tenemos el referente de la posición sentado en el piso sobre un pequeño cojín, con las piernas cruzadas, la espalda recta, los ojos cerrados, de pronto alguna forma especifica de ubicar las manos (mudra) y el rostro relajado. Muy bien, esa es una posibilidad, pero también se puede hacer caminando, lo llaman caminata de atención plena (mindfulness walking), se puede estar dibujando, cocinando, escribiendo, leyendo, incluso puede hacerse acostado, pero la condición es estar 100% presente, atento, despierto, conectado totalmente con un solo objeto o actividad de meditación.


Al volver al mundo real percibía una sensibilidad especial en mi voz, eso de haberla apagado durante ese tiempo fue algo que impactó no sólo mis cuerdas vocales sino también mi relación con el lenguaje hablado: me enseñó a utilizar mejor las palabras.

Teniendo en cuenta lo anterior, es fácil deducir que la meditación es algo que siempre nos ha acompañado, principalmente cuando somos bebés, cuando no teníamos tanta información en nuestra mente y actuábamos con espontaneidad, inocencia y confianza. Estábamos completamente entregados a lo que estuviéramos haciendo, incluso nuestra respiración era más abdominal, natural, justo como se trata de hacer cuando meditamos.


Comencé leyendo de varias fuentes y acercándome a personas que tuvieran alguna experiencia o me pudieran contar algo más concreto, algo que no se convirtiera en una especie de momento de fantasía del más allá y que pusiera mi mente a volar en dimensiones desconocidas. Buscaba algo muy práctico, muy fácil de digerir y más aun, de experimentar. Tomé la decisión de hacer un curso de meditación Vipassana, una escuela que lleva mucho tiempo rodando por el mundo y en la que pude encontrar algo muy similar a lo que tenía en mente, algo sencillo, claro y sin tintes religiosos que me expusiera a la meditación. El curso duró 10 días y tenía unas características extremas que al principio me hicieron dudar. Cosas como no poder hablar durante los 10 días, no tener ningún contacto con el mundo exterior, no poder hacer ejercicio o leer o hacer nada básicamente distinto a meditar, meditar y meditar. Los primeros 4 días me parecieron fuertes, sobre todo porque me sentía muy maltratado físicamente y aún no comprendía eso del silencio total las 24 horas del día los 10 días. Con el paso de los días, la práctica fue tomando forma para mí y empecé a encontrarle sentido a varias de las condiciones fuertes que tiene. Como dato curioso me sorprendió gratamente que el promedio de edad de los más de 100 asistentes al curso era aproximadamente 25 años y había una ligera mayoría de presencia femenina.


Al volver al mundo real percibía una sensibilidad especial en mi voz, eso de haberla apagado durante ese tiempo fue algo que impactó no sólo mis cuerdas vocales sino también mi relación con el lenguaje hablado: me enseñó a utilizar mejor las palabras. Otra gran sensación que tuve justo al terminar el curso ha sido poder apreciar el mundo con una mirada más serena, más compasiva, hasta un poco en cámara lenta si se quiere.


Ahora disfruto mucho darle un significado particular y vigente a lo que me sucede sin pretender compararlo o meterlo en vivencias del pasado.

La experiencia que he tenido luego de este intenso acercamiento a la meditación ha sido positiva y transformadora en muchos aspectos. Me he vuelto mucho más consciente de mis emociones, de la influencia de mis pensamientos, de mi sensación corporal en general. Le he dado gran importancia a la respiración, ahora sé que cada vez que sienta algo que me genere algún malestar, la respiración consciente siempre está ahí para ayudar a calmarme, a entender mejor la situación, a reconocer más lo que estoy viviendo quitándole expectativas, ideas preconcebidas o anticipación mental. He aprendido a percibir un poco las cosas realmente por lo que son y no por lo que me gustaría que fueran. Me he vuelto más compasivo conmigo mismo, ahora intento no darme tan duro, no ser tan exigente y perfeccionista, he aprendido a reconocer mi ritmo vital. Me siento un poco más tranquilo en general, intento entender un poco más a las personas que me rodean, soy menos reactivo, menos violento, pienso que cada vez menos me dejo atrapar por la ira o la desesperación y ahora en cambio trato de observar lo que sucede de una manera más objetiva y sin juicios aprehendidos del pasado. Ahora disfruto mucho darle un significado particular y vigente a lo que me sucede sin pretender compararlo o meterlo en vivencias del pasado. Gracias a la meditación puedo vivir más en el presente, en el momento que estoy viviendo ahora mismo, sin compararlo, sin criticarlo, solamente viviéndolo como viene, sin engancharme con lo que no me guste y más tratando de observarlo de una manera desprevenida.


Toda esta consciencia en desarrollo nos aporta en lo físico, es decir, estamos más cercanos a nuestro cuerpo, podemos percibir lo que mejor nos va, comemos mejor, descansamos mejor, disfrutamos mejor lo que sea que estemos haciendo, disminuimos considerablemente la ansiedad al no estar proyectándonos permanentemente al futuro, vivimos con menos culpas arrastradas del pasado, menos deprimidos porque ocupamos nuestra atención en lo que estamos haciendo ahora y no en lo que hemos dejado de hacer. Siento que ahora no cargo de tantas expectativas mi cotidianidad, me siento más liviano, más resistente, más adaptable, menos irritante, menos enfermo, con una alegría natural que permanece conmigo mucho más tiempo.


Medita, 5 minutos, 1 hora, en la mañana, en la noche, mientras esperas, al levantarte, todos los días, día de por medio, algunos días, lo que puedas, pero hazlo, podrás ver los resultados de manera inmediata.


Me parece que cuando uno encuentra algo que le ayuda sustancialmente debe ponerlo en la mesa para que más puedan beneficiarse. Me encantaría que ya estés meditando, o que te animes a hacerlo muy pronto. Si quieres saber algo más a profundidad puedo compartirte algunas fuentes y en general darte más luces en este tema que ya se está fortaleciendo en todo el mundo.


¿Que tal si te animas a meditar ahora mismo con esta corta sesión?.





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