• Jonás

DESPOJARSE CADA DÍA

Hace unos años tuve acceso a una lectura que removió cimientos en mis creencias. Se hablaba de un concepto que tiene que ver con el “vaciarnos cada día de nuestras creencias”. En principio reaccioné, la sentí fuerte. ¿Cómo voy a dejar ir mis creencias si me han acompañado toda la vida y han logrado de alguna forma definir quien soy? Imposible. Se proponía el ejercicio de parar y observar por qué creemos en lo que creemos, y validar con nuestra experiencia y nuestra vida presente, si tenía sentido seguir actuando bajo ese sistema de creencias.


Tiempo después encontré un texto que hablaba del desapego, del no atarnos a nada, y cuando decían a nada iban más allá de nuestras creencias, se referían también a personas cercanas, a nuestros seres queridos. Imposible, volví a pensar. Me pareció un contrasentido, cómo me voy a alejar de tantas personas que han estado cerca, que han vivido a mi lado por tanto tiempo, que sé que tengo que cuidar, mantener,…¿aprisionar? En el texto planteaban la naturaleza cambiante que hace parte de nosotros, hablaban de frases como: "nunca cruzas el mismo río dos veces", explicaban un poco de esa necesidad instaurada en nosotros de apegarnos a todo lo que íbamos encontrando en nuestro camino. Sin embargo, también se hablaba del fuerte sufrimiento que nos ocasionaba cuando por alguna razón debíamos abandonar o dejar a un lado nuestro objeto de apego.


En un trasteo donde me pasaba a vivir a un lugar más pequeño, tuve mi primer revolcón con el minimalismo, esa forma de vida que busca que vivamos con lo esencial y nos deshagamos de lo superfluo. Me ví abrumado por la cantidad de cosas que tenía, muchas de ellas llevaba años sin siquiera verlas, mucho menos utilizarlas. En ese momento decidí empezar a salir voluntariamente de gran parte de ellas. Lo que hice fue trazar en el piso un cuadrado de 4m x 4m, entre columnas de cajas de trasteo recuerdo, y formular una ley personal que decía que los objetos que iba a tener conmigo, debían caber dentro de ese cuadrado. Te cuento que lo he logrado, y de hecho estoy animado a seguir reduciendo el área dados los buenos resultados que he tenido.


Cuando te alejas del ruido de la saturación tienes más espacio para tí, más tiempo para tí, te vas a cuidar más, conocer más, y desde allí vas a proyectar eso en todo lo que te rodea.

Consciente o inconscientemente he ido adoptando el desapego, el soltar, el dejar ir, y me parece que ha sido para bien. No estoy hablando de huir o abandonar personas, creencias o cosas sin ninguna explicación. Lo que quiero es que paremos un momento y percibamos un poco la calidad de nuestra relación con todo lo que nos rodea, y seamos honestos con nosotros mismos y nos demos cuenta si realmente queremos estar allí, queremos tener todo eso, queremos seguir ciertas normas que siempre hemos seguido. Es sólo eso, un momento de reflexión, de cuestionarnos y con plena consciencia empezar a mover lo que haya que mover, normalmente el que tiene que moverse es uno mismo.


A veces la separación se da de manera natural. Tu camino se aleja del camino de tus seres queridos, y aunque te duela un poco dejarlos, ese instante de desapego amplia de alguna forma tu libertad. Te puedo contar que cada vez más me he alejado voluntariamente de situaciones, personas, objetos y creencias que había llevado por mucho tiempo, y que luego de una evaluación muy personal, encontré que no tenía sentido seguir ahí. Hoy me siento un poco más libre, más tranquilo, en ciertas ocasiones, ultraliviano. He aprendido a disfrutar el viajar ligero, siento que he encontrado armonía y alegría al aprender a vivir con menos y a disfrutar más de lo que queda. Valorar de verdad y estando muy presente las personas con las que interactúo que alimentan mi espíritu. Cuando te vacías de lo viejo le das espacio a lo nuevo, a lo desconocido, a nuevos aprendizajes, nuevas sensaciones, nuevos horizontes. Sientes que te acercas de manera concreta a eso que te hace vibrar, te despierta interés, toca tus fibras, te hace sentir vivo otra vez.

Haces las paces contigo mismo sabiendo que te tienes a tí, y con eso es más que suficiente.

En este ejercicio valoras mucho más eso intangible que tenemos todos, nuestras características base de seres humanos: nuestras ganas de ayudar, de acompañar, de sanar. Este tipo de experiencias también te reconcilian con la vida, te acercan muchísimo a tí mismo, porque cada vez menos depende tu felicidad y tu bienestar de lo externo, para en contraste darte cuenta del brillo y esencia única que se encuentra dentro. Haces las paces contigo mismo sabiendo que te tienes a tí, y con eso es más que suficiente.


Te invito a que cada día te despojes de alguna creencia, de algún objeto, de la cercanía de alguien que no esté sumando en tu vida, para que sitúes más el foco en tí, en tus características auténticas, en ocuparte de lo que para tí es importante. Aprende a reconocer tus virtudes y talentos, así como tu lado oscuro, que siempre va a ser necesario mirar a los ojos para aprender a administrar y trabajar en su transformación. Cuando te alejas del ruido de la saturación tienes más espacio para tí, más tiempo para tí, te vas a cuidar más, conocer más, y desde allí vas proyectar eso en todo lo que te rodea. El mundo que vemos no es más que una proyección del mundo que tenemos dentro.

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