• Verónica López

DISFRUTAR

Hoy decidí levantarme de mi escritorio y detenerme a mirar uno de los atardeceres más hermosos que he visto en mi vida. Suspendí todo. Era absolutamente extraordinario y estaba simplemente ahí, en la ventana de la sala del apartamento en el que vivo ahora.


Me permití detener el tiempo y disfrutar de ese momento que era majestuoso para mí, y para cada persona que en esta ciudad tuvo la oportunidad de dejarse seducir por la generosidad sin límites de la naturaleza, de la vida.


Hoy sentí cómo me gusta mirar, cómo disfruto de lo que me parece hermoso, de eso que me lleva a unas ganas de guardar en mi memoria para repasarlo cuantas veces quiera, ampliándolo con mi imaginación y transformándolo a mi antojo. Debo recurrir más a la belleza que me seduce porque cuando lo hago, estoy en mayor contacto conmigo. Y entonces también pensé en muchas cosas que me gustan y me han gustado y, por ese ejercicio, en este momento me siento repleta de amor.


Es como arrancar un viaje, en donde todo me sorprende y se hace nuevo aunque ya lo haya recorrido antes.


Siempre me ha gustado la música. Ella ha sido una compañera valiosa en mi vida y ha sido insumo para mi trabajo. Y me doy cuenta de cómo le he ido perdiendo el gusto por el afán de cumplir con las tareas que tengo que hacer con ella. Es como saber que me gusta y ya lo doy por sentado. Y de pronto me doy cuenta de cómo la he abandonado y la busco, como para reconquistarla y la encuentro, igual de generosa, de especial, porque decido ponerle atención y sentirla con todo. Elijo la canción que me gusta, paro todo, me pongo los audífonos, apago la luz y pasa algo hermoso por dentro. Es como arrancar un viaje, en donde todo me sorprende y se hace nuevo aunque ya lo haya recorrido antes. Me gusta oírla una y otra vez. Oigo la voz, con absoluta atención y me imagino los gestos de quien canta; pienso en cómo llegó a interpretar así, lo que sentía, me conecto en la melodía. Luego paro a ponerle atención a la letra y agradezco que esa persona que la escribió haya bajado sus sentimientos, emociones y pensamientos a este plano y sobretodo, que haya decidido compartirlo conmigo. Luego en cada instrumento, casi que aislándolo y me abrumo, me gozo el momento. Busco entender qué hace un instrumento con relación a otro y cómo lo hacen todos con la voz que la decora. Y ahí hay una explosión, cuando todo se junta ya en la atención y no hay nada que iguale lo que siento. Es mi momento. Ahí soy libre.


Me pasa igual con un buen texto. Me gusta leerlo a mi ritmo, encontrarme y desencontrarme con el autor; relacionarme con sus personajes. Me gusta reconocerme y reconocer a quienes conozco en una historia. Me emocionan los recursos literarios que yo considero bien usados y que magnifican los espacios, que me aseguran las imágenes que me voy poniendo en la cabeza. Me gusta cuando me olvido de todo eso y el texto me abstrae. Igual con el cine , la fotografía o un vídeo. Igual al ver a alguien bailar, ¡cómo me gusta!


Me gusta mirar la boca de quien habla, como mueve sus manos, cada gesto tan propio en su discurso, o cuando está en silencio, cuando se va en el pensamiento.

Hay un momento cuando hago ejercicio en el que siento absoluta alegría, me dan ganas de gritar. Es como reconocer mi salud, mi fuerza, mi potencia y capacidad. Es un momento en el que estoy presente. Me gusta sudar, sentir mi corazón, sentir el esfuerzo. En el ejercicio encuentro placer.


Me gusta encontrarme con la gente que quiero, me gusta abrazar y mirar a los ojos. Me gusta mucho mirar a los ojos. Me gusta mirar la boca de quien habla, como mueve sus manos, cada gesto tan propio en su discurso, o cuando está en silencio, cuando se va en el pensamiento. 

Y si esa persona me gusta, noto cómo me detengo en su nuca, en su quijada, en cómo mueve sus cejas o inclina la cabeza hacia algún lado. Tengo todo el derecho en perderme en imaginar su piel, en la calidez y fuerza de su tacto. Me gusta imaginar la reacción de su piel si pasara mis dedos sobre su espalda, o le hablara suave al oído. Y cómo reaccionaría yo si se me acercara como me gustaría que lo hiciera. Cada vez tengo más claro lo que me gusta de las ideas que he elegido para construir mi entusiasmo de relacionarme con el otro.


Me encanta el buen humor y la creatividad. Me gusta el talento, admirar. Me gusta extenderme cuando escribo, cuando hablo. Me gusta poner atención, mucha atención. Me gusta ver los procesos. Me encantan las voces graves de los hombres. Me encanta ver cuando nos denunciamos sin darnos cuenta.


Podría seguir con este ejercicio y hacerlo público, pero también encuentro un gusto particular por guardarme algunas cosas y volverlas íntimas.


Te invito a detenerte en algún momento y encontrar tus gustos, reencontrarte con ellos y disfrutarlos a consciencia en silencio. A sentir con absoluta libertad y generosidad contigo. Tómate tu tiempo con la abundancia de tu imaginación, con tus elecciones sin importar lo que nadie espere o quiera de ti.

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