• Jonás

PREFIERO SER, QUE SER ALGUIEN

Usted tiene que "ser alguien" en la vida, era una frase que escuchaba frecuentemente cuando era pequeño. No se si era una especie de reto o un llamado a espabilarme y empezar a cumplir los objetivos que otros esperaban de mi. Revisemos un poco la cinta.


La época estudiantil me llevaba a una competencia constante en varias disciplinas. Por ejemplo, tenía que ser el más fuerte, el más flexible, el más resistente en la clase de educación física. También se esperaba de mi que fuera muy ágil para resolver problemas de matemáticas, tener buena memoria para almacenar varias fechas de acontecimientos históricos, accidentes geográficos y los elementos de la tabla periódica de encime. Era muy importante escribir con letra clara, y ojalá bonita, en los cuadernos.


Como un aspecto de supervivencia, era crucial tener un carácter fuerte y conocer algunos movimientos combinados entre boxeo y artes marciales, para que no me la montaran algunos compañeros del colegio - bullying le llaman hoy en día. Era vital saber conquistar a las niñas, atreverse a hablarles y saber bailar, eso no sólo aumentaría mi popularidad entre ellas sino que me haría ganar respeto entre mis amigos.


Al entrar a la universidad, gracias a un gran esfuerzo económico que hizo mi abuela, y luego de haber tomado una difícil y pésima elección a la hora de escoger una carrera para poder ser "alguien", me veo enfrentado nuevamente a una serie de escenarios donde se espera de mi que aproveche al máximo la posibilidad de estudio que tengo, que salga como un profesional muy bien preparado y que vaya directo al mundo laboral a ocupar una importante posición en una prestigiosa empresa.


Supongamos que haya logrado entrar a una gran compañía, luego debía ser un empleado sobresaliente que fuera promovido rápidamente, que tuviera importantes responsabilidades pero que sobre todo, ganara un sueldo con muchos ceros que permitiera cumplir con nuevas metas como una gran casa, una buena finca, carros, las mejores condiciones para el crecimiento y desarrollo de mis hijos, etc.


Y la lista continúa en automático incluso hasta después de la muerte, porque también se espera que mis exequias se lleven a cabo dentro de mucha sobriedad, buen gusto y con la asistencia de algunas personalidades que validaran la premisa de que efectivamente fui "alguien" en la vida.

Iba diseñando el rumbo sin preocuparme por cumplir ninguna meta, solamente importaba ser fiel a mí mismo cuidando de no afectar a nadie en la marcha.

Hice una parada para observar en qué parte de las metas iba. Quería saber por qué tenía esas metas. Me preguntaba si realmente yo quería cumplir esos objetivos o si eran los objetivos de otras personas bien distintas a mi, que no se por qué razón los había hecho propios. La verdad no le encontraba mucho sentido a lo que estaba pasando, sentía como si me hubiera quedado dormido en un bus y que al abrir los ojos, hubiera llegado a un lugar que no reconocía para nada.


Para bien o para mal, comencé a salirme de esta carrera delirante por conquistar metas, objetivos, condiciones que me hicieran pertenecer a algo a lo que hoy en día claramente no quiero pertenecer. Decidí entonces tratar de descifrar el camino que debía tomar y aunque en ese momento, ni ahora, no sabía cuál era, lo que sí sabía era cuál no era.

Un camino más verdadero, más honesto conmigo mismo, algo que me hiciera sentir tranquilo y contento con mis decisiones...

Soy consciente de que puede sonar un poco discordante empezar a emprender un nuevo camino a los 40, comenzar desde cero, aventurarse a lo desconocido, enfrentar el miedo a lo diferente, a lo que no tiene muchos parámetros predefinidos; pero era lo que sentía que tenía que hacer. Mis opciones empezaban a reducirse, las metas se iban desvaneciendo, había comenzado a ser honesto conmigo mismo. Estaba adentrándome poco a poco a conceptos esencialistas, estaba aprendiendo a identificar qué de todo eso que había perseguido por varios años, era realmente lo que me hacía vibrar.


La cuestión se convirtió entonces en construir una ruta que se ajustara más a mis propias capacidades, falencias, temores, aptitudes. Iniciar una etapa en la que yo mismo fuera diseñando el rumbo sin preocuparme por cumplir ninguna meta, solamente importaba ser fiel a mí mismo cuidando de no afectar a nadie en la marcha, sin buscar condescendencia o aprobación. Un camino más verdadero, más honesto conmigo mismo, algo que me hiciera sentir tranquilo y contento con mis decisiones, un recorrido que, como dice la canción de Vedder, me hiciera encontrar mi dirección magnéticamente.

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