• Pau

ESTADOS MEDITATIVOS Y CUENCOS TIBETANOS COMO ESTRATEGIA DE COMUNICACIÓN


El mundo de la comunicación y la publicidad, en el cual me he desempeñado profesionalmente por algunos años, me hizo evidente uno de los grandes problemas, sino el más grande al que podemos enfrentarnos como seres humanos: la dificultad para comunicarnos. Nos cuesta trabajo comunicarnos con nosotros mismos, pues nadie nos enseñó a escuchar nuestro cuerpo, ni a observar nuestras emociones y pensamientos antes de condenarnos, y si no lo hacemos con nosotros, hacerlo con los demás es prácticamente imposible. Culturalmente nos han incapacitado para poder ver la realidad cómo es, para poder entrar en contacto con nuestras emociones, aceptarlas y poder establecer una comunicación desde la abundancia - la bondad, la compasión, la generosidad y la tolerancia - y no desde la escasez - la búsqueda de atención y reconocimiento. 


El exceso de información al que estamos expuestos hoy en día hace que nuestra atención no solo hacia nosotros mismos sino hacia nuestro entorno, sea cada vez menor, desconectándonos de lo que nos es más humano, nuestra consciencia.  Como lo afirma Osho, en la medida que decrece la confianza en la consciencia humana, la consciencia empieza a desaparecer y al desaparecer la consciencia empiezan a aparecer nuestras resistencias y experimentamos con mayor frecuencia el miedo, el sufrimiento y la lucha. Este malestar interno, se refleja externamente generando obstáculos y conflictos en nuestra relación con el otro. En resumen, nuestros problemas de comunicación con el otro, provienen de una falta de comunicación con nosotros mismos, debido al terreno que le hemos robado a la consciencia, con nuestros agitados estilos de vida.


Hace aproximadamente 6 años, en una búsqueda personal, me encontré con la meditación como camino al conocimiento de mi misma, y en este proceso, no solo aparecieron personas, sino instrumentos que me facilitaron lograr estos estados meditativos y de auto conocimiento. Este fue el caso de los cuencos tibetanos, cuyo sonido y vibración lograron ponerme en contacto con una parte de mi con la que pocas veces había compartido. Esto me permitió mejorar el conocimiento de mi cuerpo, mis pensamientos y mis emociones, mejorando mi calidad de vida y mi relación conmigo misma y los demás.


 “La meditación aborda al hombre desde adentro… trata de mantener sano al ser interno de la persona” Osho

Según la tradición oral del Tíbet, los cuencos en la historia aparecen entre 560 y 180 AC y se les ha encontrado en templos, monasterios y salas de meditación en todo el mundo. Son fabricados con una aleación de cinco a siete metales, tales como oro, plata, mercurio, cobre, hierro, estaño y plomo, y se cree que cada uno de estos metales produce un sonido individual, y en conjunto crean la excepcional sonoridad “cantante” que los caracteriza. En la actualidad son utilizados en música, relajación y meditación. Dentro de las múltiples leyendas que existen alrededor de su origen, se dice que el poder de sus sonidos es sanador debido a la consciencia e intención con la que son elaborados, pues su forja implica profundos estados meditativos. Adicional a esto, las frecuencias de los sonidos provenientes del cuenco, entran en resonancia con nuestras propias frecuencias, modificando nuestras ondas cerebrales, permitiendo a nuestro cuerpo elevar su vibración y de esta manera empezar un proceso de liberación, relajación y desbloqueo en el plano físico, ayudándonos a entrar en otros niveles de consciencia, razón por la cual son un instrumento para complementar y potenciar cualquier técnica de meditación.  El uso de cuencos tibetanos es recomendado para personas muy mentales y analíticas, en la búsqueda de lograr conexión con sus sentimientos y para individuos hipersensibles, como un camino para comprender sus procesos personales y anímicos. 


Como lo menciona Jorge Zain - mi instructor en vibroacústica y terapia del sonido - en su libro “Escuchar el Silencio” uno de los principales objetivos de las sesiones terapéuticas, especialmente en la época en que vivimos, es ayudar a las personas a estar un poco menos alienadas por sus problemas y preocupaciones, y a estar un poco más presentes, en la medida de sus posibilidades. Hay muchos caminos que llevan a esto, y uno de ellos es aprender a vincularse con las cosas en un estado de receptividad o de reposo mental, y esto es algo que se puede lograr en las sesiones de meditación con cuencos tibetanos. 


Después de experimentar el bienestar de la meditación con los cuencos tibetanos, quise compartirlo con más personas y fijé mi atención en el estudio de los cuencos como instrumento facilitador de estados meditativos, buscando hacer de esta práctica un hábito, para mejorar los procesos de comunicación tanto internos como externos. De esta manera nace Meditación para no Meditadores, una de las primeras iniciativas presenciales de TodosTenemosAlas.org, donde pretendemos que personas que no han tenido ningún acercamiento a la meditación y tienen estilos de vida agitados, puedan experimentar, así sea por un corto lapso de tiempo pero de manera constante, un estado meditativo de conexión con el cuerpo tanto físico como sutil y de esta manera empezar a abrirle espacio en sus vidas a la consciencia y sus beneficios físicos, emocionales y mentales.


Desde mi perspectiva personal, la mejor forma de cambiar el mundo es cambiar primero nosotros mismos, y para esto considero que la meditación es un método maravilloso para conocernos y mejorar la comunicación tanto con nosotros como con los demás, y los cuencos tibetanos, un instrumento facilitador maravilloso de estos estados.

56 views2 comments
LogoFlotantePNG.png