• Pau

HISTORIAS DE DESAPRENDIZAJE: LA FELICIDAD



Durante gran parte de mi vida dediqué todo mi esfuerzo a cumplir punto a punto, toda esa lista de cosas que me habían dicho me harían feliz: graduarse, tener carro, casa, conocer al amor de tu vida, casarte y tener familia, el trabajo perfecto en el que ganes mucho dinero y seas ampliamente reconocido, debes hacer una especialización y si es maestría o doctorado, ¡mejor!.


Nos han hecho creer que la vida se disfruta cuando después de muchos años de trabajo, esfuerzo y sufrimiento – porque la vida no es fácil - tienes el dinero y el tiempo suficiente para dedicarte a hacer eso que te gusta o simplemente no hacer nada. ¿Te has preguntado qué de esas cosas que hay en la lista, realmente te han hecho feliz?¿Por qué debes esperar tanto tiempo para hacer lo que te encanta hacer? Pues el día que me dio por cuestionarme - y ya había logrado varias cosas de la lista y dejado de hacer otras tantas para no desviarme del camino - definitivamente, no era feliz! Seguro que había vivido momentos llenos de alegría, pero la verdad no duraban mucho. Y empecé a ver como mi sistema de creencias empezaba a tambalear y venirse abajo.


¿Y si esa lista de cosas por hacer no era la felicidad, entonces que lo era?¿Cuándo llegaría el día en que dejaría de aplazar todo lo que me encantaría hacer, por cumplir con todos los puntos de la lista?


Había estado dedicando mi tiempo a vivir la felicidad de alguien más, en lugar de vivir la mía.

Una de esas personas que llega a la vida en el momento justo y con el que me encuentro absolutamente agradecida, me hizo ver claramente, que esa lista de cosas que estaba empeñada en cumplir al pie de la letra para encontrar la felicidad, no era lo que yo quería, no la había construído desde lo más profundo de mi ser, la había heredado, era lo que alguien más había definido como felicidad y de esta manera le había estado dedicando mi tiempo a vivir la felicidad de alguien más, en lugar de vivir la mía.


Tomé entonces la decisión de empezar a construir mi propia lista y a experimentar cosas nuevas y en este camino he descubierto varias cosas sobre la felicidad, por ejemplo que no es algo que uno sale y compra, la enseñanza se la agradezco a una tarjeta de crédito con cupo y un vacío enorme en mi ser. Viví momentos de euforia que disfruté, pero eran absolutamente efímeros y el vacío no tardaba mucho en volver a aparecer. ¡Eso no podía ser la felicidad!, la felicidad no estaba afuera, no la encontraría en cosas ni en personas, ni tampoco es efímera.


Empecé a observar entonces mis emociones, a compartir más tiempo conmigo, a tratar de entender de qué se trataba ese vacío que ya sabía que no podía llenar con cosas o personas, y pude ver que ser feliz es una actitud frente a la vida, es algo que se encuentra adentro de cada uno, es individual y se irradia, se impregna en lo que haces, no al contrario.

La felicidad es nuestra responsabilidad.

En la medida que vivimos, llegamos a una etapa de nuestras vidas, donde ya no tiene sentido culpar a nadie por nada, menos por lo que no somos capaces de proveernos a nosotros mismos, incluída la felicidad. La felicidad es nuestra responsabilidad y cuando finalmente la encontramos, estamos en todo nuestro derecho de compartirla en las dosis que deseemos, pero no podemos exigirla ni imponerla.


Y con el tiempo fui aprendiendo a soltar el control y darme cuenta que las cosas perfectas son anti naturales, lo perfecto no admite mejora, está terminado y por esta razón, la felicidad no es ni será perfecta, esta en constante cambio, es totalmente adaptable, admite mejoras, es inagotable... y cuando se experimenta una emoción así, se entra en sintonía con ella y es muy difícil volver a verla de otra manera… te transforma.


Y si llegaste hasta este punto... ¡Gracias por tu atención!

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