• Pau

HISTORIAS DE DESAPRENDIZAJE: LAS EXPECTATIVAS



El hombre de mis sueños debe ser un hombre alto, con una sonrisa espectacular, que se cuide pero no más que yo, que tenga una mirada tranquila, que se vista chévere y huela bien, que se exprese de manera clara y tenga una conversación inteligente, que sea divertido, talentoso, generoso, trabajador y de buen vivir… y creo que la lista podría continuar de manera indefinida!


De manera similar había construído una lista para la carrera de mis sueños, el hogar de mis sueños, el clóset de mis sueños, los amigos de mis sueños, el jefe de mi sueños y así le iba construyendo listas llenas de ideales a diferentes situaciones de mi vida. Una vez estaba frente a frente con cualquiera que fuera la situación, esperando siempre demasiado de algo que estaba absolutamente fuera de mi control y empezaba a hacer el balance, de inmediato aparecía la frustración, cuando gran parte de esas cosas que había listado no se cumplían o eran absolutamente todo lo opuesto, no era nada fácil e incluso me daba muy duro a mí misma, al pensar si era que no me merecía todas esas cosas maravillosas que me esforzaba tanto en dejar claramente listadas. Y si a la situación le sumábamos personas, ¡ni hablar! Rápidamente era un control+alt+delete, me sentía desilusionada, defraudada y mi respuesta era huir.

Estaba viviendo la vida, como si estuviera en deuda conmigo, una de las peores mentiras que nos podemos creer.

Nuevamente, una de esas personas que llegan a tu vida como un regalo, me hizo ver lo difícil que era para cualquier persona o situación, estar al nivel de mis expectativas y que muchas cosas de esas listas infinitas ni siquiera estaban en mi. Estaba viviendo la vida, como si estuviera en deuda conmigo, una de las peores mentiras que nos podemos creer y que es más frecuente de lo que imaginamos.


Cuando dejamos de llenar de expectativas cada situación que está por ocurrir en nuestras vidas y la recibimos tal y como es, le quitamos espacio a la frustración, a la desilusión y empezamos a sorprendernos como los niños cuando empiezan a descubrir el mundo a su alrededor. Dejamos de fijarnos en los pequeños e insignificantes detalles, para abrir nuestro campo de percepción a infinitas posibilidades y experiencias, a ser conscientes de la realidad y así empezar a experimentar la bondad.


Poco a poco he ido eliminando estas listas interminables de expectativas de mi vida, dándole paso a que el mundo y sus infinitas posibilidades me sorprendan, me llenen de aprendizajes, de experiencias que nunca se me hubiera ocurrido iba a disfrutar tanto, de personas maravillosas, generosas, alegres. Procuro vivir sin deudas que saldar y esta manera de vivir me ha enseñado mucho sobre la incondicionalidad.


Pero el trabajo no termina, ya que en la medida en que voy tomando consciencia de las expectativas frente a las situaciones más obvias, las observo y aprendo a manejarlas, aparecen otras en las que no soy tan consciente de la carga de expectativas y zaz, otra vez entraban en escena la frustración y la molestia.


Sin embargo de uno de los mejores amigos que he tenido, aprendí que cuando estoy cara a cara con estos momentos y no alcanzo a ser consciente y ya estoy enganchada con emociones poco productivas, la mejor salida es recordar soltar el control y preguntarse ¿qué tanto estaba en mi control? Recordemos que no podemos controlar las decisiones de los demás y esperar que actúen como actuaríamos nosotros o como quisiéramos que reaccionaran, es de las cosas menos sensatas. Intento entonces retroceder un poco, analizar la situación y evaluar si fui coherente con lo que estaba en mis manos, lo demás no me corresponde y a pesar de que moleste, es mi decisión entrar en malestar o no hacerme daño y continuar.

Recordemos que no podemos controlar las decisiones de los demás y esperar que actúen como actuaríamos nosotros o como quisiéramos que reaccionaran, es de las cosas menos sensatas.

Este aprendizaje en particular ha hecho mi equipaje mucho más liviano, ahora soy yo en cada instante y asi como no espero que nadie esté a la altura de mis expectativas, que cada vez son menos, soy absolutamente consciente de que tampoco estaré a la altura de las expectativas de muchas personas. Ahora me desilusiono menos, me defraudo menos, me frustro menos y disfruto mucho más de todas las cosas que mis listas interminables no me dejaban ver de las personas y situaciones en mi vida.


¡Dejémonos sorprender por la incertidumbre que caracteriza la vida!

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