• Pau

LO QUE APRENDÍ AL DEJAR DE INTELECTUALIZAR Y EMPEZAR A SENTIR


Debido a la democratización de la información que vivimos en la actualidad y con el inesperado incremento de tiempo que gracias al aislamiento preventivo disfrutamos últimamente, es cada vez más común escuchar a un número mayor de personas hablando sobre todas las variables de un estilo de vida saludable: productos, alimentación, manejo de emociones, meditación, autoconocimiento, mindfulness, etc. 


Y la pregunta que se me viene a la cabeza es, ¿si cada vez es más fácil tener información y diferentes perspectivas, porque todavía vemos tantas personas viviendo en malestar y experimentando ansiedad y depresión?


Creo que nos hemos encargado de almacenar en nuestros cerebros cantidades infinitas de información que muchas veces no experimentamos, entonces cuando nos volvemos a encontrar con la información  en el camino, nuestra reacción es… “ya lo sé!” y probablemente sí, e incluso lo puedas recitar, pero la verdadera pregunta es: ¿lo has experimentado?


Y fue en un momento de aceptación y conexión conmigo misma, cuando tomé consciencia de la cantidad de información, que de muchas fuentes me había encargado de almacenar, pero que nunca había realmente sentido o experimentado.

Hace unos años que me sentía viviendo una vida que no era la que quería vivir, empecé a buscar respuestas para superar esa sensación de malestar constante y encontrar la forma de vivir más tranquila. Escuche, leí y repase mucha información, asistí a cursos, clases, cultos, reuniones y talleres, buscando que en algún momento alguien o algo, como por arte de magia, me diera la respuesta que me ayudaría a liberarme de esa sensación.


Intelectualizaba absolutamente todo, tratando de diseccionarlo y entenderlo a profundidad, pero sencillamente había cosas que me eran imposibles entenderlas del todo, o porque no era el momento o porque sencillamente la acumulación de emociones poco productivas me hacía ver las cosas de manera distorsionada, no me dejaba ver la realidad. Querer entenderlo todo, no es ambicioso, ¡es absurdo!


Y fue en un momento de aceptación y conexión conmigo misma, cuando tomé consciencia de la cantidad de información, que de muchas fuentes me había encargado de almacenar, pero que nunca había realmente sentido y experimentado, acepté el reto de ser mi propio laboratorio y empecé a buscar la forma de responder a las situaciones que vivía, bien fuera usando la información que había en mi cabeza o sencillamente tomando un camino absolutamente diferente a los que había tomado hasta ese momento.


Desarrollé la tolerancia, entendiendo que todos pensamos y sentimos de maneras diferentes por un sin número de variables y que es, no solo egoísta sino imposible, esperar que la gente piense y sienta como pienso y siento yo.

Este ejercicio me enriqueció de una manera invaluable y han sido muchos los aprendizajes. Hoy quiero compartir algunos en este escrito, con la única intención de que sean de ayuda para cualquiera que se esté sintiendo como yo me sentí en algún momento, y empiece a encontrar el camino a una vida más tranquila, con menos sufrimiento.


  • Me di cuenta que reaccionaba en muchas ocasiones, de acuerdo a como me habían enseñado que debía reaccionar, no como yo realmente quería reaccionar y a veces mis reacciones fueron acertadas y otras no tanto. Descubrí muchas facetas de mi que no conocía, aprendí a hacerme responsable de mis errores sin castigarme y a pedir disculpas.


  • Aprendí a verme tanto en los aciertos y aspectos más positivos de otros, como en sus errores y momentos de debilidad y desarrolle la compasión, tanto conmigo como con los demás.


  • Tome consciencia de lo posesiva y controladora que era, aceptando que las cosas están en constante cambio - incluso yo -, que hay personas y cosas que salen de tu vida y que solo tengo control sobre mis emociones, como reacciono a ellas y que tanto quiero disfrutarlas o sufrirlas. Aprendí a fluir, ser y dejar ser.


  • Desarrollé la tolerancia, entendiendo que todos pensamos y sentimos de maneras diferentes por un sin número de variables y que es, no solo egoísta sino imposible, esperar que la gente piense y sienta como pienso y siento yo.


  • Pero al mismo tiempo experimente la humildad, pero no desde el concepto de pobreza desde el que la había entendido, sino desde la realidad de que todos somos igualmente humanos y que no hay nadie ni por encima ni por debajo mío.


  • Aprendí a escuchar, nunca lo había hecho realmente, siempre estaba pensando en qué responder para parecer inteligente ante mi interlocutor o en su defecto emitiendo un juicio mental. Al escuchar realmente, aprendí a verme en el otro y dejar de calificar a los demás, aceptando que todos vemos la vida como la queremos ver y eso no nos hace ni buenos ni malos, nos hace humanos.


Creo que la lista podría continuar, porque sigo sintiendo y experimentando todos los días, pero esto es más que todo una invitación a que tomemos la decisión de despertar, de desarrollar nuestra curiosidad y empezar a sentir y experimentar toda esa información que en algún momento nos ha resonado, aceptando el reto de vivir diferente.


Los momentos de silencio y encuentro conmigo misma que he encontrado en la meditación, han sido de gran ayuda para convertirme en una observadora de mi existencia y regalarme los espacios para sentir y experimentar. Por eso aprovecho para invitarte a que experimentes la meditación en nuestro podcast Meditación para no Meditadores y nos compartas tu experiencia!

Gracias por leerme!


19 views
LogoFlotantePNG.png