• Jonás

LO QUE PODEMOS CONTROLAR

Vivimos tiempos difíciles, es un hecho, los optimistas pueden llamarlos retadores o de oportunidad, otros podrán decir que son cambiantes o de transformación, pero desde cualquier óptica, claramente ponen a prueba nuestra estabilidad, nuestras emociones, nuestra fortaleza de espíritu.




El miedo anda rondando nuestras calles, nuestras mentes, y no solamente por cuenta de una enfermedad muy contagiosa que esta acabando con un número significativo de seres humanos, un hecho trágico en sí mismo, sobre todo cuando la mayoría sufrimos de un miedo exacerbado a la muerte. Pero el miedo al que quiero hacer referencia es al que ahora tenemos como humanidad debido a las medidas de prevención, precaución y hasta represión, dadas por nuestros gobernantes, que nos han puesto contra la pared al modificar nuestras rutinas, dictar nuestros horarios, controlar nuestra movilidad, definir qué podemos hacer y qué no, medidas que principalmente nos mantienen sometidos y asustados, elevando más nuestra ansiedad y desesperación.


Lo único que verdaderamente puedes controlar sin importar la situación en que te encuentres son tus pensamientos, tu actitud, tu posición frente a la realidad, tu respuesta a los estímulos y realidades externas.

Pero y, ¿qué podemos hacer para poder gestionar esta situación? ¿Qué es lo que realmente nos puede fortalecer para estar mejor parados ante todos estos sacudones a los que estamos expuestos? ¿Qué esta en nuestro control?

Llegados a este punto debo recordarte que tenemos un aliado poderosísimo: nuestra mente. Esa parte intangible que dirige nuestros pensamientos, nuestras palabras, nuestras acciones, y que muchas veces nos juega en contra porque no la hemos aprendido a manejar. La mente siempre está buscando algo en qué ocuparse, vive distraída, agitada y se la pasa saltando hacia atrás (el pasado) y hacia adelante (el futuro) sin dejarnos vivir tranquilamente nuestro presente. Pero cuando logramos administrarla muy de cerca, cuando nos tomamos el tiempo de observar cómo funciona y sabemos direccionarla, despierta en nosotros una enorme fuerza, sabiduría, claridad de pensamiento: nos ayuda a aumentar nuestro nivel de conciencia.

¿Y cómo aprendo a administrar mi mente?

Vuelvo a traerte uno de mis temas favoritos, la meditación. El silencio, la conexión que crea en ti la meditación, te empieza a ayudar a controlar lo único que verdaderamente puedes controlar sin importar la situación en que te encuentres: tus pensamientos, tu actitud, tu posición frente a la realidad, tu respuesta a los estímulos y realidades externas. La meditación nos entrena en el arte de dominar nuestra mente.


Uno se empieza a dar cuenta de que la vida se va forjando día a día, momento a momento, y que la conexión voluntaria permanente con nuestro presente, sin juzgar, con generosidad, nos fortalece para poder afrontar lo que se vaya presentando.

En los varios años que llevo meditando, siento que he aumentado esa consciencia de mi esencia, eso que me ayuda a entenderme un poco más, a conocer mis verdaderas necesidades, a intentar ser consciente del lugar que ocupo y lo que puedo hacer con el potencial que tengo. Pienso que nunca acabarán las preguntas, los desafíos ni tampoco los aprendizajes, uno se empieza a dar cuenta de que la vida se va forjando día a día, momento a momento, y que la conexión voluntaria permanente con nuestro presente, sin juzgar, con generosidad, como lo promueve el mindfulness, nos fortalece para poder afrontar las situaciones que se nos van presentando.

Y como beneficio colateral a poder controlar tu mente, es que empiezas a experimentar una sensación permanente de gratitud, ese concepto que sale directo del corazón y que nos ayuda a valorar cada instante de vida que tenemos, a conectar con el otro, a cuidarnos y a cuidar el pedacito de mundo que tenemos cerca. La gratitud indudablemente nos vuelve más humanos, más fuertes, más presentes.


Te invito a que reconozcas lo que realmente puedes controlar en cada situación, te regales unos minutos de silencio y observación al día, y como resultado, estoy seguro de que terminarás viviendo la gratitud de corazón, con honestidad, y que vas a mantener un estado de presencia permanente, que te ayudará a reconocer esos momentos de tu vida por los que vale mucho la pena sentirse agradecido. Gracias.

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