• Jonás

TIEMPOS VIOLENTOS



Dicen que somos así, violentos por naturaleza, que lo llevamos en nuestro adn. Siempre que alguien nos agrede física o verbalmente, entramos en un modo de respuesta agresiva automática. Crecimos con la idea de que no nos podemos dejar joder de nadie, que si alguien se llega a meter con nosotros, vamos a responder con una agresión mayor. Ojo por ojo y diente por diente, le llamaban a eso en una época.


Es una realidad, tenemos altos niveles de violencia. Nuestro tono de voz, nuestras palabras, nuestro lenguaje no verbal, desde los mismos pensamientos que muchas veces son generados con una importante carga de agresividad, hablan siempre de un miedo interno y una rabia que anda a flor de piel.

Se nos volvió pan de cada día el uso de un lenguaje ofensivo, denigrante, destructor.

Como colombianos hemos tenido una lamentable historia de agresiones de todo tipo. Desde pequeños, hemos vivido rodeados de escenas y escenarios violentos, que infortunadamente hemos vuelto cotidianidad. Parejas que se agreden física y verbalmente a diario, niños que ven en los golpes el único modo de hacer entrar en razón al que está en desacuerdo, padres de familia que se sienten con el derecho de utilizar un lenguaje fuerte y hasta golpear a sus hijos porque "la letra con sangre entra" o "un poco de rejo no le hace mal a nadie", hijos que irrespetan con absoluta naturalidad a sus padres porque ese es el mundo que han percibido.


En las redes sociales cada vez son más frecuentes las agresiones de todo tipo, las amenazas, los juzgamientos, se nos volvió pan de cada día el uso de un lenguaje ofensivo, denigrante, destructor. En el interminable número de pantallas que nos siguen a cada paso, se reproducen minuto a minuto escenas violentas, peleas, explosiones, abusos de autoridad, maltrato a toda clase de seres humanos y animales, por solo mencionar algunos ejemplos.


Los grandes líderes del mundo se vanaglorian de su poderío militar y armamentos, y despliegan sus ejércitos a lo largo de sus fronteras cuando se sienten amenazados por otro país. Cuando en una ciudad se presenta algún hecho de violencia o inseguridad, en lo primero que se piensa es en que se debe reforzar el cuerpo de policía o renovar el tipo de armamento que se está utilizando para combatir la delincuencia, es decir, se responde a la violencia con más violencia.

Tenemos que aceptar que somos diferentes y que no podemos andar eliminando del camino al que piensa distinto o está en desacuerdo con lo que pensamos.

No lo voy a negar, estamos cargados de mucha violencia, está en nuestras células, es cierto, pero también es cierto que podemos cambiar, que podemos transformar todo ese contenido que nos lleva a cometer actos agresivos totalmente inconscientes. Durante cientos de años hemos sido testigo de grandes masacres llevadas a cabo en diferentes momentos de nuestra historia, lideradas normalmente por personas con mucho poder pero también con un ego enorme, rabia, rencor, dolor, sed de venganza, y por sobre todo, miedo.


Se hace necesario reconocer que a veces no tenemos la razón, que las palabras tóxicas que escuchaste del otro, no son realmente para tí sino son reflejo de su dolor.

Es imprescindible desmontar esas conductas, tomar nuevas decisiones que no impliquen hacer daño a otros o a nosotros mismos, dejar a un lado el miedo que nos hace ver al mundo como una amenaza permanente. Tenemos que aceptar que somos diferentes y que no podemos andar eliminando del camino al que piensa distinto o está en desacuerdo con lo que pensamos.


Se hace necesario reconocer que a veces no tenemos la razón, que las palabras tóxicas que escuchaste del otro, no son realmente para ti sino son reflejo de su dolor, es importante que siempre trates como quisieras ser tratado. Antes de reaccionar en automático frente a una situación violenta, que tal si rápidamente tratamos de entender lo que realmente está sucediendo, y desde allí actuar con inteligencia para superar la situación, disminuir el daño, no ampliar la onda de rabia y destrucción: reconocer que podemos direccionar las fuerzas para no generar más dolor y sufrimiento, y por el contrario entregarle un poco de equilibrio a la situación o a la persona violenta. No se puede apagar o controlar un fuego regándole combustible.


Me apoyo en este momento en el libro "Los 4 acuerdos", de Miguel Ángel Ruíz, para decirte que vale mucho la pena pensar, hablar y actuar evitando contenidos ofensivos, que no construye nada andar tomándose las cosas que nos dicen personalmente, que no está bien andar haciendo suposiciones sobre lo que no conocemos realmente, y que siempre, siempre, tratemos de dar lo mejor en lo que hagamos.


Hoy es un buen día para cambiar esa realidad.

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